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Por la mañana muy temprano y  nuevamente al toque de campanas, con el pueblo envuelto en humo, salen el mayordomo y sus jurados, montando en sus mejores caballos, pues dejan estos para este día tan señalado, caballerías  cuidadosamente adornadas con cintas y flores de todo tipo y color, acompañados por el dulzainero y el tamborilero que interpretan la misma melodía típica de la víspera. Esta vez la mayordomía, es decir, el mayordomo y los jurados, van sin comitiva ninguna, excepto como hemos dicho, los músicos, que acompañan a pie. El mayordomo porta una vara que en la parte superior, lleva grabada la figura del Santo y el cerdo, llamada esta "vara del santo". Los jurados llevan sendas varas, fabricadas en aluminio alzándose en la parte superior de las mismas una cruz.

 

Las luminarias se vuelven a encender, ya que hay que ahumar al santo. Lo importante es hacer mucho humo: hay que purificarse bien. Los vecinos que han madrugado para la ocasión, esperan en la puerta de sus casas el paso de la mayordomía para dar sus donativos y besar la "Vara de San Antón". Las hogueras situadas en las mismas posiciones que la noche anterior, ocasionan una mayor humareda, que será atravesada por la comitiva (mayordomo, jurados, músicos, animales y varas), a esto popularmente se le llama "AHUMAR AL SANTO", y es la parte más importante de la fiesta.

 

 

Todos los vecinos esperamos la llegada del santo, al calor de la lumbre, desayunando un buen chocolate caliente. De repente se oye el tambor. Alguien grita: “¡¡QUÉ YA VIENE!!, ¡¡QUÉ VIENE!!”, todos nos apuramos a echar más ramos a la luminaria y apagarlos con agua para dar mucho humo.

 
 

Cuando llegan se paran un momento y todos besamos la imagen del santo en la vara, dando a cada mayordomo un donativo que le ayude con los gastos que supone la fiesta. No hace muchos años, aparte del donativo también se le daba al mayordomo y sus dos jurados las patas del jamón, con el fin de que la matanza del año siguiente fuera buena. Entonces estas abundaban más que ahora, ya que prácticamente todos hacíamos matanza.

 

Una vez terminado el recorrido se avisa al cura, es la hora de ir a misa, única participación del sacerdote en toda la fiesta. Las campanas tocan y el mayordomo y sus dos jurados dejan sus caballos: es hora de entrar en la iglesia. Hoy el sacerdote dará un sermón en el que explicará la vida de San Antón y sus milagros.

 

Después de la misa hay una procesión, el Santo, a hombros de cuatro voluntarios, es llevado por la calle “La Virgen”, llegando hasta la Ermita del Santo Cristo, la calle “Mayor” para volver a la Calle “La Virgen” y entrar en la Iglesia.

 

Después de la procesión, el mayordomo convida a limonada y pastas, todo ello amenizado con la gaita y el tambor. Esta vez la afluencia de público es menor, dado que la noche pasa factura.

 

Llegados a este punto se finalizan los actos religiosos. De la fiesta ya sólo queda el celebrar las cintas.

 
 

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