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El día 16 por la tarde, todos nos encontramos nerviosos, se oye el traqueteo de las patas de los caballos en los adoquines, el pueblo empieza  a llenarse de gente. Es un día especial.

 

En torno a las siete y media tocan las campanas: es la hora de las vísperas. Bajan por la calle La Iglesia el mayordomo con sus dos jurados (quienes portan unas varas en las que está representado el santo. La vara que lleva el mayordomo va adornada con un lazo rojo) seguidos del párroco y el acompañamiento al ritmo del tambor y la gaita.

 

Una vez terminadas las vísperas, la comitiva vuelve a hacer el mismo camino de vuelta, y es entonces cuando se enciende la luminaria del mayordomo. Esta es la primera en encenderse, las demás lo irán haciendo después.

 

En este momento se empieza a oír los primeros chisporroteos de la lumbre y empezamos a inhalar el primer humo purificador: LAS LUMINARIAS DAN COMIENZO.

 

Comienza la fiesta de Las Luminarias a las nueve de la noche al toque de campanas. Un repiqueteo agudo para la menor y un toque sereno, armónico y grave de la campana mayor, que es la señal para que todo ciudadano participante en la fiesta montado a caballo o en su defecto en burro, se reúna delante de la casa del mayordomo.

 

Una vez  que la gente está reunida delante de la casa del que este año será el mayordomo, está todo preparado para que este, de comienzo a la fiesta propiamente dicha, mediante la ignición  de su fabulosa y grandísima hoguera, situada delante de su casa, dando paso al encendido de todas las demás luminarias que se reparten por todas las calles adoquinadas de San Bartolomé, compuestas de ramos de tomillo, retama, jara, y en general pequeño arbusto que días y en algunos casos horas antes, han recogido en los montes chicos y grandes, destacando la carga del mayordomo.  Empiezan aquí, las dos horas más emocionantes de la fiesta, y para muchos, de todo el año recién estrenado.

 

Los actos principales comienzan con la bendición de los animales por parte del sacerdote. Todos se agrupan debajo de su balcón, y el sacerdote desde allí les bendice diciendo unas palabras, acompañadas de agua bendita.

 

Una vez concluida la bendición, el mayordomo convida a todos los jinetes a pastas y vino en su luminaria. Echado un trago de vino acompañado de una pasta de la tierra, comienza la procesión a caballo por las calles de San Bartolomé. El santo reflejado en las varas que portan los mayordomos, recorre todas las luminarias del pueblo, acompañado de todos los jinetes y del tambor y la gaita. El incansable Tío David comienza a redoblar y "el Gaitero le sigue con su “San Antón ton ton to ron...”.

 

La cabalgata  comienza en la luminaria del mayordomo, y como cada año es uno diferente nunca se sigue el mismo itinerario. Esta irá presidida en primer lugar por el mayordomo, llevando la insignia del Santo, acompañado de sus dos jurados y posteriormente, a pie durante todo el recorrido el dulzainero y el tamborilero, que tocan una melodía popular típica de esta fiesta.

 

A continuación sin orden alguno, la comitiva. Esta  es muy numerosa pues no hay ser moviente de cuatro patas que se deje en el establo y si el vecino por determinada causa no puede asistir, busca quien monte su ganado. Burros, caballos y jinetes, siguen al tambor y la gaita pasando por todas y cada una de las luminarias que inundan las empinadas calles de San Bartolomé de Pinares. Antes del paso de los mayordomos y la comitiva por encima de las hogueras, se humedecen los ramos o se echan ramos verdes para que produzcan una más densa humareda, llegando a formar una verdadera nube artificial en todo el pueblo, de modo que el aire se hace casi irrespirable. San Bartolomé se convierte en un espectáculo de colores cálidos dignos de admirar, y  el humo que purificará y librará de enfermedades a los animales durante todo el año,  reina por todo el pueblo. Cuando termina la celebración, animales y  jinetes vuelven al lugar de partida, es decir, a casa del mayordomo.

 

Terminado el desfile, el cura, los jurados,  el Sr. alcalde y la comitiva, son invitados a  pastas y vino  por el mayordomo en su luminaria, que aún para esta hora no habrá parado de arder.

 

Ahora cada jinete decide lo que hace: muchos recogen sus caballerías y las llevan a la cama, otros aguantan un poquito más saltando las luminarias y haciéndonos disfrutar con la espectacularidad que supone ver como sus caballos atraviesan las hogueras con gran  libertad y elegancia, como si no les importara atravesarlas.

 

Hacía las once y media todo se ha acabado, ¿todo?. Todo no. Ahora comienza otra parte de la fiesta: los bailes en la Luminaria del mayordomo al son de jotas, pasodobles, etc; Las chuletas... Es la hora de cenar. En cada luminaria se reúnen amigos, vecinos y familiares para comer productos de la tierra. En los rescoldos de las hogueras se prepara la cena, para quienes minutos antes, disfrutaron de la fiesta del fuego y del color, chuletas, chorizo, morcilla, panceta, pastas, etc., todo ello acompañado de limonada hecha con nuestro vino.

 

Después de la cena la noche continúa entre risas y jaleo en los bares y locales de ocio del pueblo, hasta altas horas de la madrugada. Es uno de los días más grandes para los habitantes de este pequeño pueblo de la provincia de Ávila y nadie se quiere perder ni un solo detalle de la fiesta, en cuanto amanece se abandona la juerga nocturna, para dar paso a la fiesta religiosa, se encienden otra vez las Luminarias para que El Santo comience su recorrido  por las calles de la localidad, recibiendo el donativo de sus vecinos. Después  una imagen de este, casi del tamaño natural, será llevado en andas por jóvenes del pueblo, recorriendo algunas de las calles de San Bartolomé de Pinares. 

 
 

 

 

 

 

 
 

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